Dicen que como virtud, la humildad «consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento»; que es el punto de sano equilibrio entre dos extremos que serían la soberbia, de un lado, y la indignidad, del otro.
Dicen, también, que la discreción es la "sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar", por lo que sería lo opuesto a cualquier conducta imprudente, insensata, estúpida.
Tanto la humildad como la discreción,
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